Yagües es tan material y concreto como su poeta. Es un enamorado de los elementos, pide la áspera madera, el fierro esencial, el aire, el silencio que es la réplica de todos nuestros cantos. Mientras la amante se quintuplica en las imágenes, el dulce minotauro de la lírica va hacia otro rumbo, los brazos abiertos en deliciosa plegaria a la luna menguante, mientras el sol negro a sus espaldas nutre al mar, al aire, a las colinas, al potro. Pocas veces se han expre- sado con tan fuerte ternura y gracia por un artista de fin de siglo una visión de un colega que nace como creador en los albores de los años 20. ¡Tremenda energía la de los Veinte Poemas que han autorizado esta hazaña! «Trabajos de amor perdidos» suspiraría el colega Shakespeare. El amor es camino, peregrinaje. ensueño, hipérbole de la amada, mas nunca hallazgo: El toro de la paciente pasión, jamás entre estas deliciosas figuras va a beber el agua que calmará su sed. «Tentativa del Hombre Infinito» se llamó otra obra de Neruda. Entre la amada equilibrista y la escalera que pende en el vacío hay esa nada, espacio que cada amante que lea y vea estas imágenes llenará con las carencias actuales, que queman, o con las bienaventuradas brisas del recuerdo: «Es tan corto el amor, y tan largo el olvido». Es una maravillosa sensación que Yagües remate la melancólica estrategia de don Pablo con una sonrisa.
Gracias entonces a este artista murciano por haberle dado un espacio posible e inquietante a los versos intemporales de nuestro poeta chileno.
En el sexo como en el amor, muchas veces nada es lo que parece, todo, acaso es salvable con el juego de las formas y la enorme imaginación bien alimentada por lecturas, aderezada a modo de divertimento, con humor, con ironía.
Las apariencias engañan, así es… nada, nada en el fondo es lo que vemos, todo depende del color y la mirada de la que hagamos uso para comprender los guiños ocultos, los mensajes que el artista Pepe Yagües, creador-intelectual, poético desde sus múltiples planteamientos ante los temas que elige, así como los elementos y resortes con los que trabaja. Inventor de móviles y maquinarias que aplica, casi por norma, en cada una de sus obras nos deja entrever su admiración a Calder, a Leonardo da Vinci… esa su ilimitada imaginación que llega a ser posible una vez en el estudio, con el tratamiento y la aplicación de grandes y pequeños materiales como: papel, latón, madera, cobre, hilo, alambres, hierro, acero inoxidable, piedra, metacrilato, o elementos varios de reciclado, que adquieren vida nueva dentro de la creación de Yagües, así como especial forma en el procedimiento de los mismos.
El constante juego-imaginativo que Pepe acostumbra a usar para dar título a cada una de sus piezas, ya sean grabados, relieves, o esculturas, títulos, nada aleatorios, en toda su obra que la hacen más atractiva e importante, cerrándola a modo de círculo en un todo, un mundo en cada elemento creado, al tiempo que sirve de complemento y comprensión para cuantos admiran la idea del artista acabada, hecha realidad, ya en la galería de arte, en la calle, o en medio del lugar para la que ha sido creada.
Yagües, ama la mitología en la que indaga, en la que investiga, y disfruta imaginando nuevos mundos que a su vez le imprimen una personalidad particularísima, para dialogar con los demás desde sus lecturas y su riquísimo mundo, comunicando parte de su vida interior mediante las formas, el color y diría que hasta la magia que imprime a sus proyectos nunca exentos de romanticismo, por muy fuerte que alguna de sus composiciones le puedan parecer al espectador: el sexo, el amor, la fuerza y la ternura. Junto con el buen humor para contar, mostrar, asomarse a una realidad transformada, él como artista ofrece a modo de regalo su hábitat, su mundo más interno para la mirada de quién observa desde fuera y acepta, como lo que es, una muy pensada, cuidada e inigualable obra de arte.
El enigma del Minotauro, su lucidez siempre creativa y la gracia de la relación interior-exterior, dualidad del elemento elevada a múltiples acontecimientos capaz de envolver con solo mirar, tocar, accionar, ver… La poética y la fuerza en su punto más alto y sexual de la forma más dinámica y natural, la mitología que sobrevuela cada una de las piezas que parten de la imaginación de Pepe Yagües, unido a un romanticismo sin límites donde a partir de su perseguido, enrejado Minotauro, a veces en el muy pensado y ordenado laberinto de remaches, habita paciente como espectador o juega a posicionar su cuerpo ante quien le observa, otras libre y trepador, salva con empeño cualquier obstáculo, mostrándosenos entrañable y tierno el Minotauro, sensible y hasta vulnerable, una vez alcanzados los brazos de su amada.
Grandísimo disfrute mirar cada una de estas piezas, que no debemos dejar pasar y que con su generosa imaginación Pepe Yagües nos trae a modo de regalo a nuestro mundo y nuestra vista. Comprender es amar y así me acerco ante el infinito ingenio de una obra calculadísima y perfectamente proyectada; todo un privilegio para los sentidos.
Que hados y deidades acudan sin reparos ante las infinitas ideas de un artista que ante todo y sobre todo, por amor, jamás aplicará límite alguno a su creación.
Yagües es tan material y concreto como su poeta. Es un enamorado de los elementos, pide la áspera madera, el fierro esencial, el aire, el silencio que es la réplica de todos nuestros cantos. Mientras la amante se quintuplica en las imágenes, el dulce minotauro de la lírica va hacia otro rumbo, los brazos abiertos en deliciosa plegaria a la luna menguante, mientras el sol negro a sus espaldas nutre al mar, al aire, a las colinas, al potro. Pocas veces se han expre- sado con tan fuerte ternura y gracia por un artista de fin de siglo una visión de un colega que nace como creador en los albores de los años 20. ¡Tremenda energía la de los Veinte Poemas que han autorizado esta hazaña! «Trabajos de amor perdidos» suspiraría el colega Shakespeare. El amor es camino, peregrinaje. ensueño, hipérbole de la amada, mas nunca hallazgo: El toro de la paciente pasión, jamás entre estas deliciosas figuras va a beber el agua que calmará su sed. «Tentativa del Hombre Infinito» se llamó otra obra de Neruda. Entre la amada equilibrista y la escalera que pende en el vacío hay esa nada, espacio que cada amante que lea y vea estas imágenes llenará con las carencias actuales, que queman, o con las bienaventuradas brisas del recuerdo: «Es tan corto el amor, y tan largo el olvido». Es una maravillosa sensación que Yagües remate la melancólica estrategia de don Pablo con una sonrisa.
Gracias entonces a este artista murciano por haberle dado un espacio posible e inquietante a los versos intemporales de nuestro poeta chileno.